Entrevista · 13 mayo 2026

Teresa Aranguren: «La principal amenaza para Europa es Estados Unidos»

Hablamos con una de las voces más experimentadas del periodismo internacional sobre su trayectoria profesional en conflictos en Oriente Próximo y los Balcanes y analizamos la geopolítica actual.

España-12/05/2026

Teresa Aranguren (Arceniega, Álava, 1944) es una de las voces más experimentadas del periodismo internacional. Especializada en Oriente Próximo y los Balcanes, durante su trayectoria profesional ha vivido en primera línea conflictos que han marcado la historia reciente.

Durante la entrevista, se desmontan muchas de las narrativas que se suelen dar por ciertas: cómo se construye la propaganda, el papel real de los medios y por qué el lenguaje que se utiliza muchas veces no explica sino que oculta. Aranguren pone el foco en esas vidas que quedan atrapadas en medio de decisiones políticas, intereses económicos y guerras que, en muchos casos, nunca deberían haber ocurrido.

También reflexiona sobre el presente: el impacto de las redes sociales, la desinformación y cómo todo esto está cambiando la forma de entender el mundo.

Cuando los ejércitos se despliegan y los mapas se llenan de flechas, detrás de las cifras hay personas que esa mañana simplemente salieron a comprar el pan y se han encontrado un bombardeo en su casa o en la escuela de sus hijos. Has pasado media vida entrando en ciudades de las que todo el mundo quería huir. Después de haber visto tantos frentes, ¿qué es lo primero que has buscado en el rostro de la gente cuando llegas a un lugar en guerra para entender la verdad que se intenta ocultar?

La obligación del periodista que está en zonas de guerra es contar lo que ocurre allí donde caen las bombas. A veces hemos reducido el horror de la guerra. Recuerdo la Guerra de Irak del 91 donde lo único que se vio en televisión de lo que estaba ocurriendo eran lucecitas verdes en el cielo. Y de vez en cuando, sobre un fondo gris, una columna de humo. Lo que había abajo era personas desmembradas, era el horror y era la destrucción de vidas de una manera muy atroz.

Se muestran lo que son las guerras desde únicamente la perspectiva y el lenguaje militar. Además, generalmente, por parte de la potencia ocupante o la potencia que desencadena la guerra. Los últimos conflictos los han iniciado potencias occidentales con el apoyo en algunos casos de la OTAN, que hace tiempo que ha dejado de ser una organización defensiva.

Uno debe preguntarse por qué es tan fácil ocultar el horror de la guerra. En esta sociedad estamos presos en una especie de reino de la mentira y de la propaganda. En los bombardeos sobre Yugoslavia se mintió mucho.

Me llama la atención esa parte del periodismo de la que casi nunca se habla que es el silencio del día después del periodista de guerra. Ese momento en el que se apaga la cámara y vuelves a un país que vive ajeno al horror que acabas de presenciar solo unas horas antes.

Recuerdo volver a Madrid y estar con la sensación de que me irritaba todo. El que la vida siguiese normal, que se hablase de las cosas cotidianas… Por otro lado es humano y entendible. No todo el mundo puede estar todo el tiempo angustiado o agobiado por las guerras o las catástrofes que están ocurriendo lejos.

Cuando uno tiene una profesión como la mía y la oportunidad de estar en esos sitios, tienes una especie de reacción y sensibilidad. Más allá de esto, sí que hay una insensibilidad generalizada desde la perspectiva nuestra de europeos y de sociedades desarrolladas.

La desgracia de los otros, cuando los otros son otros pueblos, no la vemos con la misma medida. Esta es una característica del pensamiento colonial. En occidente ya no tenemos colonias pero mantenemos la mirada y el pensamiento colonial. Esto hace que no veamos el sufrimiento de un pueblo africano o un pueblo árabe con la misma sensibilidad que vemos la desgracia de un pueblo europeo. No vemos a las víctimas con el mismo dolor porque en el fondo hay un pensamiento supremacista.

Una cosa es el papel de los gobiernos y otra el papel del ciudadano. Vemos que últimamente de la indiferencia se ha pasado al aplauso del horror. A justificar y culpabilizar a las víctimas civiles de una guerra. ¿Cómo puede la gente llegar al extremo de justificar que había que hacerlo?

Eso es lo terrible. No es algo exclusivo de este momento. Muchos vemos cómo se consentía y se sigue consintiendo el genocidio en Gaza. Era la antesala de un mundo en el que no rige más ley que la de la fuerza y en la que se han perdido elementos clave de lo que llamamos civilización. La mentira y la propaganda sustituyen muchas veces a la realidad. Eso termina conformando un tipo de sociedad que es capaz de justificar y de ver como un mal menor asesinar a niños y niñas bombardeando una escuela.

Hay que recuperar la visión más sencilla, directa y sensata. Una guerra de agresión es siempre un crimen. No todas las guerras son iguales. Ninguna de las últimas guerras que hemos visto han sido guerras defensivas. Han sido guerras de agresión justificadas con un escenario mediático con el que se ha demonizado al otro.

La hipocresía se ha instalado como forma habitual de ver el mundo. Y también ha impregnado a la sociedad. El problema más grave que tenemos con Israel es que la mayor parte de la sociedad israelí respalda la actuación de Netanyahu y su Gobierno.

A mi me espanta que un personaje tan ridículo como Trump, con su narcisismo y su arrogancia, haya tenido tantos millones de votos en EEUU. No es la primera vez que ocurre. Hitler llegó al poder por unas elecciones democráticas. Hay momentos en los que las sociedades se pervierte, se adormecen o no son capaces de ver el peligro en el que está incurriendo.

Me llama la atención que Trump se percibe como un personaje incluso ajeno al partido republicano. Un personaje que va por libre y que no sigue las reglas de la política tradicional. Pero en realidad, buena parte de sus decisiones son órdenes de Israel. ¿Qué tiene Israel para que Trump esté cumpliendo a rajatabla sus dictados?

Ya ocurrió con la guerra de Irak. Esa guerra atendió a los intereses israelíes. Trump atiende a todo lo que Netanyahu le sugiere hacer y lo ve como una manera de complacer su visión de sí mismo. Vive en un mundo como de superhéroes.

Cuando uno ve los términos que usa, por ejemplo, para descalificar al Gobierno español, nunca vemos argumentos sólidos. Solamente dice que no le gusta y punto. Lo más simple que se puede encontrar en argumentación. No tiene nada que ver con factores políticos o geoestratégicos. Todo esto refleja una personalidad peligrosa.

Cuando algo es ilegal, en teoría el Derecho está para frenarlo. La sensación que puede tener la gente es que el Derecho Internacional está de adorno. Hace unas semanas Olga Rodríguez me decía que el Derecho Internacional está más vivo que nunca y que lo que está muerto es la política. ¿qué visión tienes de esto?

Estoy muy de acuerdo con Olga. El problema es que la ONU está siendo aplastada. Claro que el Derecho Internacional existe. Lo que no hay es capacidad para imponerlo. Ni EEUU ni Israel admiten, por ejemplo, al Tribunal Internacional de Justicia. Ahí está demandado Netanyahu y otros políticos israelíes.

¿Pero qué pasa con Alemania o con Francia? Son miembros de la UE que han dicho abiertamente que no admiten ese procesamiento. El Tribunal Penal Internacional sí que se ha pronunciado para intentar frenar el genocidio. Y entre esas medidas estaba el atender la orden de búsqueda y captura de Netanyahu. No puede ser que este señor cruce el espacio aéreo europeo sin ningún problema.

No es que el Derecho Internacional no exista. Es que no hay acción política para implementarlo. La responsabilidad nos corresponde a los europeos como parte del mundo occidental. Reclamar el Derecho Internacional es ahora mismo la acción política más importante que se puede hacer.

Frente a esa gente que está totalmente insensibilizada. ¿Tu particularmente tienes alguna historia específica que todavía, pasados los años, te siga visitando por las noches?

Lo que se me ha quedado fijado en la memoria no son escenas terribles. Son escenas que, de algún modo, reivindican el género humano. Por ejemplo en Bagdad en el 1998, siendo Clinton el presidente de EEUU, yo preguntaba a la gente por las calles y recuerdo que se me acercó un hombre y me dijo: “Yo amo España, porque un país que tiene un poeta como García Lorca tiene que ser algo grande”. Y después me recitó en árabe la primera estrofa de Verde que te quiero verde.

En Beirut, en el 1982, nos metimos en un sótano durante un bombardeo. Llevábamos horas y de repente oímos pasos de dos milicianos libaneses que se habían enterado de que había dos españoles en ese sótano y nos traían algo de comer. Tengo más presente ese tipo de situaciones que episodios atroces en los que lo que sientes es rabia e impotencia.

El principal objetivo de casi todas las guerras es al final hacer negocio. Lo vemos los ciudadanos a pie de calle cuando vamos a una gasolinera y vemos que han inflado los precios del combustible. Parece que el objetivo no es la paz, sino mantener las cadenas de montaje y los contratos de defensa firmados. ¿has sentido alguna que las decisiones de paz se toman en función del stock de misiles que hay que renovar en los almacenes de las grandes corporaciones de la industria armamentística?

No lo he sentido pero lo he pensado. ¿Por qué el ejército estadounidense se fue finalmente de Irak? Pues yo creo que, entre otras cosas, porque el despilfarro de dinero que fue la invasión de Irak era ya demasiado como para obviarlo. Y a ello se sumó de que no se logró el objetivo de quedarse con el petroleo.

El negocio está presente siempre. Y junto al negocio, la corrupción. Irak fue un momento de corrupción atroz. Y ahora Trump también está hablando siempre en términos económicos, de negocios. No sé quién se está forrando con la destrucción de Irán pero, desde luego, la industria armamentística seguro.

Tengo la sensación de que Oriente Medio se ha convertido en una especie de gigantesca feria de muestras tecnológicas del lobby de las armas

Tiene algo de eso lo que está ocurriendo. Y de ensayo de ¿hasta donde podemos llegar? ¿Cuántos pueblos podemos destruir sin que pase nada? Porque ya no es solo Palestina. Está también el Líbano, Irán…

Ese es el mundo peligroso que estamos creando, en el que no hay contrapeso al poder de la fuerza. A la hegemonía absoluta de un país o de un sistema. Por eso estorba Naciones Unidas. Aunque no tenga ejército, al menos en su Asamblea General todos los países tienen voz. Este tipo de organismos estorba al tipo de mundo en el que estamos entrando.

¿Qué tiene que pasar para que se detenga una guerra cuando hay tantos miles de millones invertidos en que la tecnología de matar siga evolucionando y siga generando rédito económico a la industria?

Desde la perspectiva de los que mandan, en el momento en el que es coste es excesivo. Y ese coste excesivo puede ser tanto en términos económicos como en términos de opinión pública. En esta época, las guerras se hacen en nombre de la opinión pública, por eso se crean escenarios mediáticos para un ataque o una invasión.

Irak no solo no tenía armas de destrucción masiva, es que ni siquiera tenía capacidad para defenderse. Por eso le atacaron. En esa creación de escenarios, es importante manejar la opinión pública. Y ahí es donde la sociedad civil tenemos una baza. Los políticos dependen de las elecciones. Y por eso la movilización en la calle es muy importante. La movilización social pública y constante fue clave para que se parase la guerra de Vietnam. Tenemos que ser conscientes de eso. Decir desde nuestro sillón que no podemos hacer nada es bastante vergonzoso.

En esta etapa donde la industria de la desinformación está constantemente lanzándonos mensajes a través de redes sociales para condicionar precisamente a la opinión pública, ¿cómo lo hacemos para movilizar a la gente en las calles? Tengo que sensación que ahora es mucho más complicado que en los años 70 u 80.

Ahora es mucho más difícil porque estamos en un mundo que no conocemos todavía. El tema de la Inteligencia Artificial nos desborda. La creación de opinión se realiza a través de redes sociales sin ningún control, con la posibilidad de manipular abierta a todos.

En tu trayectoria vital y profesional, has visto como la gente del Líbano sufre ataques constantes. ¿Qué significa para el futuro de la región que se esté normalizando la invasión y el bombardeo de un estado soberano con el apoyo explícito de la Casa Blanca?

No es ya solo para el Líbano o la región, sino para todo el mundo. Ahora no necesitan ni siquiera el paripé que hacían antes o la excusa para hacerlo. Lo que está ocurriendo actualmente afecta a todos. Es que Trump ha llegado a amenazar a Cuba o a Canadá.

La actuación de Europa, hasta este momento, ha sido vergonzosa. Ahora parece que empieza a darse cuenta. La principal amenaza para Europa es Estados Unidos. Estamos viendo cómo un hombre que se cree el amo del mundo puede jugar con los destinos particulares de la población libanesa o iraní de manera directa, y de alguna manera de todos nosotros, porque también nos está llegando al mundo occidental en forma de crisis económica.

Poco esfuerzo hay hoy por plantear la tesis de que en Irán estaban a punto de conseguir la bomba atómica y por tanto hacía falta la invasión. Ese argumento duró 10 minutos. En cambio, con las armas de destrucción masiva que nunca aparecieron en Irak porque nunca existieron, desarrollaron una maquinaria de desinformación que duró meses y meses para buscar una justificación. Hoy es mucho más banal todo. Hoy ocurre y no hay reacción.

Actualmente el poder hegemónico no tiene contrapeso. El objetivo de la política estadounidense e israelí es en gran medida acabar con Naciones Unidas. Lo que ha ocurrido con las ong’s que había en Palestina. Se les ha prohibido ejercer tu trabajo en toda la zona y no pasa nada. Está llegando a unos límites de matonismo tan grave…

La destrucción de las ong’s y los movimientos sociales es una clave estratégica de la extrema derecha. Buscan destruir el concepto de la unidad, de lo colectivo, de la movilización social a través de determinadas organizaciones. Dentro de FACUA, somos objetivos a batir y estamos señalados por VOX.

Todo lo que sea colectivo y público. Todos sabemos lo que está ocurriendo con la sanidad o la educación pública y la necesidad de defenderlas. En este discurso, en el que incluyo tanto a VOX como al PP, lo que no se acepta es que haya capacidad para crear colectivos con conciencia ciudadana.

Quieren volver al concepto de vasallo. En el caso de EEUU está clarísimo. Trump quiere vasallos no socios. Al final lo que quieren son seguidores, followers, y no ciudadanos con capacidad crítica y capacidad asociativa.

El asociacionismo es un mecanismo de defensa frente a la imposición y al abuso de los poderosos.

¿Cómo se siente una periodista cuando ve que la verdad que cuenta sobre el terreno, siendo testigo de lo que está pasando, es aplastada sistemáticamente por el aparato de propaganda de potencias mundiales?

Pues mucha impotencia y mucha rabia. A mi me pasó mucho en Belgrado. Allí me sentía a contracorriente. Yo estaba contando lo que tenía que contar, que eran los bombardeos de la OTAN. Y claro, eso no se quería ver. Yo sabía que era una gotita dentro de un mar en el que se dijeron muchísimas mentiras para justificar el ataque a Yugoslavia. Tenías que ser esa especie de mosca cojonera que está ahí constantemente diciendo algo que gran parte de la sociedad no quiere ver.

Teresa Aranguren entrevista a Aradat en Túnez en 1987. Fuente: La Nueva Crónica.

¿Y cómo se siente una persona que se ha dedicado a hacer periodismo, a contrastar la información y a pulir hasta la última palabra para que nada lleve a confusión. Y que ahora de repente, en 2026, cualquier tipo de extrema derecha dice que hace periodismo y lo único que se dedica es a la propaganda y a la mentira?

No es algo exclusivo de nuestro tiempo. En el mundo de la comunicación siempre ha habido mensajes manipulados, periodistas a sueldo de… La diferencia es que ahora ocurre con mayor descaro. No es necesario ni guardar las formas.

Tienes un tipo como Vito Quiles y lo lanzas ahí como el que lanza un obús. Se sabe que está diciendo mentiras pero crea un clima propicio para lo que tu deseas, que es el enfrentamiento. No se buscan argumentos para desmontar el discurso del rival político. Lo que se busca el descalificarlo y acabar con él. Eso no está pasando solo en España.

Esos niveles de desfachatez, a eso no estábamos acostumbrados. Las formas definen el contenido. No hay diferencia entre forma y contenido como si fuesen cosas independientes. Estamos ahora mismo en un mundo sin formas. Todo esto implica un peligro porque ya ni siquiera hace falta guardar la cara.

Tu defiendes la idea de que en esa guerra de Yugoslavia de los años 90 fue un ensayo sobre la destrucción de los estados soberanos mediante el relato mediático

El caso de Yugoslavia fue importante porque marca el inicio del intervencionismo de occidente y de la OTAN por la fuerza para resolver sus intereses. En Yugoslavia la situación era muy dura porque había una guerra civil en un país que ya de por sí estaba muy descentralizado.

Ese país fue destruido por razones internas pero también por intereses externos. En Yugoslavia había una situación muy dura de enfrentamientos internos pero que podría haberse resuelto. La constitución yugoslava admitía la separación de una república dentro de un proceso. Pero se rompieron las reglas del juego completamente.

Vladimir Putin mantiene alianzas estratégicas con Irán pero también guarda una relación histórica compleja con Israel. Con la guerra de Ucrania aún de fondo, parece que Oriente Medio es el lugar donde Rusia y EEUU están midiendo sus fuerzas por delegación de terceros

A diferencia de Trump, Putin no es para nada un ignorante. Parece ser que en todo esto que han desencadenado EEUU e Israel, Rusia sale beneficiada. Lo primero, se ha desviado la atención de lo que ocurre en Ucrania y le han dejado en una situación de manos libres en este sentido.

Creo que ha habido una campaña para crear la idea de que Rusia es la gran amenaza de Europa. Y yo creo que nos han colado una milonga con eso. Lo de Ucrania ha sido una guerra de defensa contra una invasión que ya empezó en el año 2022.

Hoy vemos a una Ucrania desangrada y una Palestina borrada del mapa bajo el paraguas de figuras como Trump, Putin, Netanyahu y a ese reduccionismo tan simplista de blanco o negro. Nos hablan de la lucha del bien contra el mal de manera absoluta. Aquí no hay escala de grises. Ante esa estrategia de manipulación permanente, ¿estamos ante un colonialismo aún más agresivo que el de la etapa de la Guerra Fría?

Yo tengo la sensación de que hemos vuelto a lo que se llamó colonialismo de las cañoneras en el siglo XIX. Estamos en esa tesitura de lo que yo impongo bajo amenaza, o se cumple o cumplo la amenaza.

El peligro de eso es que no nos damos cuenta de que estamos ejerciendo de países colonialistas en un tiempo en el que ha habido entre medias muchos movimientos de liberación en países africanos. Pero sin embargo, la mentalidad con la que actúa occidente es una mentalidad colonial.

¿Europa no pinta nada? ¿Se ha convertido en un simple peor al servicio de Washington?

Eso es lo que se ha estado haciendo. Yo creo que puede pintar y que debería pintar. Depende de factores humanos. Estoy echando en falta el talante de determinados políticos europeos. Antes había políticos de la derecha con cierto sentido europeo. Ahora los que tenemos, tanto de derechas como de izquierdas, han mantenido la posición de hacer lo que diga Washington.

Al menos hasta este momento. Ahora parece que se están dando cuenta de que dejarse arrastrar por la política de Trump es muy peligrosa y que nos puede llevar a un enfrentamiento real. En este momento están reculando y están volviendo a hablar en términos europeos.

El Gobierno español ha sido casi el único que, desde el primer momento, ha marcado una dirección diferente. Que no es suficiente, por supuesto. Me gustaría que el Gobierno de España rompiese relaciones con Israel. Pero lo que ha hecho hasta el momento, en cierta medida, ha salvado el honor de Europa.

Se podría decir que Israel es, en esencia, el último de los proyectos coloniales de occidente en el siglo XXI?

No sé si es el último pero desde luego es un proyecto colonial. El vínculo de Israel no es con el holocausto, eso hay que decirlo así. Su vínculo es con el colonialismo del imperio británico. Posiblemente es el último reducto de los poderes coloniales.

¿Lo que ha hecho Netanyahu ha sido la fórmula perfecta para garantizar su propia supervivencia en esa coyuntura en la que estaba a punto de ser juzgado por corrupción?

Imagino que ha sido un factor importante. La supervivencia política cuando tienes la amenaza de ser juzgado. Seguramente Netanyahu haya llegado a creerse que él es el salvador y el que culminará el proyecto sionista.

Artículo publicado originalmente en la revista de FACUA, Consumerismo, el 12 de mayo de 2026

← Volver a Lo último