Olga Rodríguez: «Trump quiere construir una ONU paralela a su medida, privatizada y que no rinda cuentas»
Hablamos con la periodista experta en información internacional y Derechos Humanos sobre el genocidio en Gaza, el conflicto con Irán y los Estados Unidos de Donald Trump.

Internacional-23/02/2026
Olga Rodríguez (León, 1975) es periodista, investigadora y escritora especializada en información internacional, Oriente Medio y Derechos Humanos. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en medios como Cadena SER, Cuatro, CNN+ y elDiario.es. Ha cubierto los principales conflictos de las últimas décadas ocurridos en Oriente Medio y el norte de África, además de haber desarrollado parte de su carrera en Estados Unidos.
A lo largo de su carrera ha recibido varios galardones por su trabajo periodístico. Entre ellos, el Premio Periodismo y Derechos Humanos de la Asociación Pro Derechos Humanos de España en 2015 y el Premio Enfoque de Periodismo por su trabajo en defensa de los derechos humanos y de denuncia de violaciones de los mismos.
Cuenta en su haber con varias obras publicadas, entre las que destacan El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio (Debate, 2009) o Yo muero hoy. Las revueltas árabes (Debate, 2012).
Quiero empezar por lo que está ocurriendo en Irán. Parece un auténtico polvorín y, mires dónde mires, está Donald Trump involucrado, parece que vaya a iniciar la Tercera Guerra Mundial. ¿Qué está pasando allí? Hay ya más de tres mil personas muertas desde que empezaron las protestas.
En Irán hay un régimen desde hace décadas. Salieron a la calle muchísimas personas, trabajadores, integrantes de sindicatos, estudiantes… para protestar contra la situación económica del país. Hay una enorme inflación y muchísima precariedad. Todo eso lo agrava notablemente las sanciones que tiene impuestas EEUU y países de la Unión Europea desde hace mucho tiempo. Esas protestas fueron reprimidas.
Pero en ese panorama está ocurriendo un hecho bastante llamativo: la presencia de Israel en las protestas que está dejando claro que el Mossad y otros elementos israelíes están en el terreno. Una cuestión que, además, parece quitar presencia y visibilidad a las protestas legítimas de los iraníes.
Yo interpreto esta actitud de Israel como un mensaje al propio Trump. El régimen de Netanyahu quiere tumbar al gobierno iraní y debilitar al propio estado de Irán, lograr su fragmentación y así crecer para ser la hegemonía en la región de Oriente Medio. Pero para eso necesita la ayuda militar de Estados Unidos.
Necesita convencer a Washington de que se están dando las condiciones para realizar una intervención, no olvidemos que Trump ya bombardeó Irán en junio del año pasado junto con Israel. Por eso está dejando tan claro la presencia del Mossad y otros elementos israelíes en las protestas iraníes —tratando incluso de conducir algunas de ellas—. Así lo dejó ver con un mensaje publicado en redes sociales en el idioma oficial de Irán en el que decía a los manifestantes: «estamos con vosotros acompañándoos desde el propio terreno».
Así que, como en todo acontecimiento, sobre todo en Oriente Medio, siempre hay actores regionales o internacionales que quieren aprovechar el contexto para conducirlo a un determinado lugar. Se permiten incluso secuestrar revoluciones, manifestaciones o cualquier actuación de la población para dirigirla a su terreno.
¿Las movilizaciones han sido totalmente espontáneas por parte de la población o ha habido algún tipo de ayuda o influencia de EEUU para que tuvieran más fuerza?
Ha habido manifestaciones, las primeras, como la del Gran Bazar de Teherán, absolutamente genuinas de personas que salieron a pedir un cambio en las políticas económicas del régimen y protestando contra lo que estaban viviendo: una inflación que les impide comprar hasta los productos más básicos.
No podemos olvidar que los efectos de las sanciones son absolutamente bestiales y afectan a la parte de la población más vulnerable. Pero, sin duda, como ya comentaba, a partir de ahí ha habido injerencias e intervenciones de actores extranjeros. No podemos saber hasta qué punto ni de qué manera, pero para los que trabajamos con fuentes tanto en Irán como en la propia Israel, es bastante comprobable que esto está ocurriendo.
Eso sí, esto no significa deslegitimar las protestas genuinas de los iraníes, que lo están pasando muy mal y tienen derecho a manifestarse y demandar derechos básicos fundamentales.
¿Crees que podemos despertar un día con la noticia de que EEUU ha llevado a cabo una intervención militar parecida a la que hizo en Venezuela en enero?
Eso es lo que desearían, pero en Irán no es tan fácil hacer eso. Además, en los últimos tiempos, Oriente Medio se esta recolocando, sus distintos países están afinando sus posiciones de cara a las políticas de Israel, de forma similar a lo que está haciendo Europa con Trump.
Hay potencias regionales que ya están dándose cuenta y avisando de que Israel no tiene líneas rojas y que no parará en su voluntad de extender su impunidad, influencia y dominio. No sólo en la zona, también internacionalmente —por ejemplo, está tratando de introducirse más en Latinoamérica—. Hablo de potencias como Arabia Saudí o Turquía.
Estos países han alertado a EEUU de que una intervención en Irán desestabilizaría toda la región, tal y como ocurrió con Irak, donde quedó todo destrozado. Pero es que esta situación es el sueño húmedo de Netanyahu. Todo esto ha llevado a que, por ejemplo, Arabia Saudí llegara a un acuerdo de defensa con Pakistán, el único país musulmán del mundo que tiene armamento nuclear, en contraposición con Israel, el único con arsenal atómico en Oriente Medio.
Y ahora mismo hay sobre la mesa otro borrador de acuerdo entre Arabia Saudí, Pakistán y Turquía. En él no se menciona la capacidad nuclear del segundo, pero evidentemente no es casualidad que un tratado de defensa se haya realizado con el único país cercano con la bomba atómica.

Si pasamos de Irán a Gaza, pero en la línea de las actuaciones de Trump por todo el globo, acaba de presentar la Junta de Paz, que más bien podría llamarse «junta de saqueo», teniendo en cuenta el perfil de los países que ha invitado.
Hay sesenta países invitados aunque, afortunadamente, una parte de los europeos han declinado la oferta.
Pero, eso sí, a mi me sorprende que ahora haya sorpresa con este plan, cuando se dio a conocer en septiembre del año pasado y fue muy aplaudido en Europa. Y eso pese a que el documento narraba un proyecto de dominación colonial 2.0 con una voluntad de saqueo, de reparto de ganancias, con planes urbanísticos en inmobiliarios en el territorio, haciendo negocio para sus amigotes y para el mismo, que está en la cúspide de esta mal llamada Junta de Paz.
Pero es que también ha anunciado que esta junta permitirá administrar y gestionar otros territorios de otras partes del mundo. Quiere levantar una especie de Naciones Unidas paralela a su medida, privatizada, sin ley, sin rendición de cuentas y sin ninguna legitimidad.
Me recuerda a lo que fueron las Compañías de las Indias del siglo XVII al XIX. Un proyecto para gestionar el comercio internacional como una entidad privada pero manejada desde estados, con un poder trasnacional para hacer negocio a costa de territorios y riquezas ajenas.
Y aunque ahora mismo hay países que han declinado, como Francia o España, y otros que han dicho que, de momento no, como Reino Unido, tenemos que ver cómo evoluciona el tema. Por ejemplo, con la invasión ilegal de Irak, Europa dijo, excepto Reino Unido y España, que no. Pero luego a posteriori, cuando comenzó la segunda fase, todo se blanqueó a través de una resolución de la OTAN y se convirtió en una misión suya a pesar de que seguía siendo un proyecto criminal al igual que lo anterior, o incluso más, porque aún quedaba mucho más infierno por delante allí.
Así que tenemos que esperar a ver qué pasa. Lo que sí que es cierto es que se han apuntado gente como Milei, pero también muchos estados de la región de Oriente Próximo. Los grandes aliados habituales de Trump y EEUU, a excepción de los europeos, que están siendo más prudentes.
Pero la impunidad de ayer refuerza las impunidades de hoy. Si decimos que sí a un plan de estas características, alegando que es lo mejor para Gaza y lo apoyamos, mañana nos puede ocurrir a nosotros.
Debemos tener en cuenta que hay proyectos ahí para ganar mucho dinero, por lo que muchos quieren apuntarse. Por ejemplo, en el ámbito armamentístico europeo. A nivel estatal habrá países de la región que sí dicen que están ahí para intentar contrarrestar el peso de Israel. Pero en el fondo esta junta es para hacer dinero. Porque se va a usar para gestionar el negocio de la reconstrucción, pero al mismo tiempo sirve para legitimar la ocupación israelí, que veremos a dónde llega.
¿A quién van a vender esos pisos de lujo a pie de playa que dicen que van a construir? Obviamente los palestinos no van a poder comprarlos, así que a lo mejor los compran israelíes. Y ese es el objetivo.
Pisos de lujo a pie de playa construidos sobre las cenizas de un genocidio.
Exacto. Construidos sobre los cadáveres de las miles de personas que yacen bajo los escombros de Gaza. Construidos sobre el terreno en el que yace enterrado el derecho internacional.
Un derecho internacional que es de «quita y pon». ¿Qué pasó con Irak? ¿Con Afganistán? ¿Con Libia? ¿Qué ha pasado con Palestina durante décadas? Lo de ahora no habría ocurrido si no se hubiera estado violando el derecho internacional una y otra vez gracias a la connivencia de Europa. EEUU no sería tan poderoso sin Europa. Cada día que pasa es más difícil buscar una salida diferente al camino en el que ya estamos.

Vivimos un momento en el que alguien como Trump se permite el lujo de pisotear el derecho internacional, invadir un país soberano como Venezuela y secuestrar a su presidente, saltándose de paso la propia legislación estadounidense. ¿Está muerto el derecho internacional?
No, el derecho internacional en realidad está más vivo que nunca. Lo que está muerto es la política. En cuestiones de derecho internacional se están dando pasos una y otra vez, pero no hay voluntad política.
El derecho internacional ha cumplido, muy tarde, eso sí. Cuando empezó esta segunda fase del genocidio, la Corte Penal Internacional se puso manos a la obra. En enero de 2024 la Corte Penal de Justicia ya dijo que había elementos plausibles para investigar a Israel por genocidio.
Y un mes después la relatora de Naciones Unidas Francesca Albanese se pronunció en el mismo sentido en su informe Anatomía de un genocidio. Y luego llegaron las órdenes cautelares. La de enero de 2024 establecía que había que prevenir y sancionar el genocidio tal y como indican el derecho internacional y la convención sobre genocidio.
¿Qué hicieron los estados aliados de Israel, entre ellos todos los europeos? Incumplirla. Siguieron con los envíos de armas y otros productos, las relaciones comerciales, diplomáticas, culturales. Todo siguió igual.
La propia Corte Penal de Justicia en 2024 emitió una opinión consultiva con carácter vinculante en la que ni siquiera mencioba las matanzas y el genocidio, lo que pedía era, cito textualmente, «adoptar medidas para impedir relaciones comerciales y de inversión que contribuyan a la situación en los territorios ocupados palestinos en referencia a la ocupación ilegal y a la segregación».
El cumplimiento de esta orden debería suponer la suspensión de buena parte de las relaciones comerciales con Israel, ya que tienen elementos que contribuyen a la ocupación ilegal. La realidad es que no se está cumpliendo.
¿Ningún país lo cumple?
Ningún país. Ninguno ha cumplido con la petición de la Corte Penal de Justicia. El pasado 23 de diciembre, por ejemplo, se publicó en el BOE un acuerdo de Airbus e Israel para adquirir nuevos elementos a empresas armamentísticas israelíes.
Es así como se engrosan las arcas de empresas israelíes que son el eje vertebral de la ocupación ilegal. La Corte Penal pidió medidas para prevenir y sancionar el genocidio y no se ha llevado a cabo ninguna. Esta petición ocurre entre enero y febrero, y en marzo España ya está firmando contratos con empresas armamentísticas de Israel.
Así que sí, como decía, el derecho internacional se ha cumplido, las cortes han cumplido, pero son los estados los que no están acatando lo que les están pidiendo y no protegen este derecho.
Pero es que tenemos la circunstancia de que la propia EEUU está sancionando a integrantes de la Corte Penal Internacional y a la propia relatora para Palestina, miembros que son europeos algunos de ellos. Y la Unión Europea no está haciendo nada para protegerlos.
¿Y cuáles son los motivos por los que en la UE no hay una reacción?
Porque esta es la Unión Europea que tenemos en estos momentos. Tenemos gobiernos en muchos países que, como en Alemania, son grandes aliados de Israel. Gobiernos dispuestos a pisotear el derecho internacional y, no solo eso, también a recortar derechos y libertades de sus propias poblaciones.
Cuando empezó el genocidio, la relatora de la ONU para la libertad de expresión, Irene Khan, advirtió de que estábamos viendo ya cómo el derecho a la protesta y la libertad de expresión estaban retrocediendo y dijo que el genocidio en Gaza iba a suponer un retroceso con gravísimas repercusiones. Esto lo dijo en referencia a la represión que hubo contra las protestas en EEUU por parte de la Administración Biden, antes incluso de Trump.
Y en Europa tenemos una gestión completamente lamentable de la situación, con Reino Unido, además, tratando de influir en la UE. Es cierto que hay algunos intentos y no es lo mismo los pasos que ha dado el gobierno español que el alemán u otros muchos, pero siguen siendo insuficientes. Son pasos de cara a la galería.

¿Y qué está ocurriendo con España? Has publicado multitud de informaciones sobre cómo se está vulnerando esta prohibición de compraventa de armas con Israel. ¿Qué provoca que Pedro Sánchez esté actuando así? ¿Tiene intereses concretos? ¿Está atado?
¿Está atado de pies y manos? Depende de cuáles quieres que sean sus prioridades. Ya sabemos que estos momentos de belicismo global el armamentístico es un negocio en auge. Pero no olvidemos que existe la soberanía estatal. Un estado es soberano en tanto en cuanto sus mandatarios quieran que lo sea. Claro que hay obstáculos para ejercer la soberanía en muchos casos pero precisamente defender los intereses de un país es tratar de salvaguardar su soberanía para que pueda tomar decisiones.
Eso sí, la presión social en España ha sido increíble, desde muchos circuitos diferentes. La sociedad española es ejemplar en estas cuestiones. Ha habido una capacidad de empatía increíble, tal y como ocurrió con Irak en 2003 cuando Aznar nos llevó a una guerra ilegal. Hubo encuestas entonces que señalan que hasta el 90% de la población estaba en contra de esa invasión y de la participación de España. Y se salió a la calle, con manifestaciones masivas.
Es curioso el componente solidario de la sociedad española. Este elemento se activó ante el genocidio en Gaza, y esa presión empezó a hacer efecto en el Gobierno. No sólo por las manifestaciones o los comunicados que firmaban gente muy reconocida (una parte de ellos votantes del PSOE), sino también por las encuestas.
Y esto ha ido obligando a adoptar medidas. Durante los dos primeros años el Gobierno decía que no era verdad que hubiera relaciones comerciales, exportara o importara. Pero era directamente mentira, y nosotros sacábamos informaciones que confirmaban que seguían existiendo esas informaciones y, a pesar de ello, seguían insistiendo en que no era verdad.
Ese es el toma y daca que hemos tenido durante dos años. Y a mi me habría encantado desde el primer día haber podido poner otros titulares. Era lo único que quería. Pero soy periodista y había que contar los hechos. Incluso se llegó a afear y cuestionar la rigurosidad de los que contábamos lo que estaba ocurriendo.
Pero finalmente se aprobó el embargo, que ya es más de lo que han hecho otros países de la UE. Aunque sigue dejando espacio a mantener determinadas relaciones armamentísticas, además de permitir excepciones.
Pero, al contrario que con Irak, hoy la sociedad está muy alejada de ese 90% de gente en contra de la invasión. Hay un porcentaje demasiado alto de a población a la que le da absolutamente igual lo que sucede en Gaza.
Pero es absolutamente necesario que haya sociedades solidarias, empáticas y comprometidas. No entiendo cuando alguien dice que no le interesa la política. Pero si política es todo, cómo puede no interesarte. Te tiene que interesar.
Eso sí, yo no voy a pedir lo mismo a una mujer que no llega a fin de mes y que bastante tiene ya con sus problemas que lo que pido a los mandatarios. Tenemos que empezar por ahí. Las demandas tienen que empezar por arriba. Hay mucha gente que no entiende, o no lo quiere ver, pero desde arriba es desde donde hay que insistir en construir todo lo necesario para que la sociedad pueda organizarse.
¿Cómo es posible que no hagan nada para que se aplique el derecho internacional? ¿O que se sigan permitiendo desahucios, o racismo en prime time? ¿Qué se hace ante eso? Se pueden hacer muchas cosas, a través de la política pero también a través de la comunicación política.
Creo que hay gente que se dedica a la política que lo ha entendido. Y que utiliza su palabra para ello, tal y como deberían hacer los periodistas. Tenemos el poder de elegir de qué se habla y cómo se habla, de instalar debates. La responsabilidades las tenemos en nuestro campo, pero quien tiene más poder tiene más responsabilidad.
Artículo publicado originalmente en la revista de FACUA, Consumerismo, el 23 de febrero de 2026
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