Iñaki Gabilondo: «El PP tiene muy mal perder, les parece contra natura estar en la oposición»
Hablamos con el veterano periodista vasco sobre actualidad política, sobre el buen y mal periodismo y sobre el peligro de los bulos y la desinformación para la democracia.

España-23/02/2026
Hablamos con Iñaki Gabilondo sobre los temas que marcan la conversación política y mediática en España: bulos y desinformación, el buen y mal periodismo, el auge de VOX o la postura del Partido Popular frente a la extrema derecha.
Ahora que la información nos está llegando a todos por muchas más vías que antes, se le suma a la tele, a la radio y a la prensa escrita todas las redes sociales que tiene un ciudadano instalada en su móvil y no hay nadie que no tenga varias redes más allá de WhatsApp, Telegram… ¿Tú crees que estamos más informados que nunca o justo lo contrario?
Estamos más embarullados que nunca. Estamos un poco aturdidos por toda la información y estamos desconcertados, distinguiendo muy difícilmente lo que es correcto de lo que no es, lo cierto de lo falso. Estamos empezando a aprender esta nueva realidad que tú has descrito. Cuando pase una generación pues esto lo tendrán en cierto sentido encajado. Nosotros somos debutantes.
Por tanto, lo que ahora nos desconcierta, pues dentro de unos años no sé qué efecto nos producirá, pero no nos va a servir intentar ahora hacer ese tipo de profecía.
Estamos siendo sacudidos por un terremoto absolutamente inesperado y de una profundidad formidable. Hacemos lo que podemos y tratamos cada uno de ordenar nuestra vida como podemos en esta nueva realidad.
Pero es un terremoto que nos está haciendo daño de alguna manera
Bueno, nos está sacudiendo de una gran manera. El tiempo dirá en qué sentido nos está haciendo daño o no, pero desde el punto de vista de la recepción de la información sí que nos está haciendo daño. Por un lado porque, al no saber distinguir la realidad de la falsedad, nos colocamos en una situación muy ambigua y con poca capacidad de reaccionar con certeza.
Y en segundo lugar, muy difícil posibilidad de combatir contra esa realidad a su vez, porque no se trata de que sea una realidad accidental derivada de las nuevas tecnologías. Es que hay industrias de las fake news. Hay países que están operando de una manera consciente, muy seria y muy bien organizada para tratar de colar fake news. De manera que tampoco tenemos ahora grandes capacidades para enfrentarnos a esa realidad.
Por el momento tenemos que intentar saber que la realidad es así, y hacernos mucho más precavidos. Tratar de mirar con mucho más cuidado qué es lo que estamos consumiendo, qué es lo que estamos comiendo.
Con la información vamos como niños con la boca abierta, dispuestos a tomar la primera cucharada. Lo primero que deberíamos haber aprendido de esta nueva realidad es a ser extremadamente precavidos y a no otorgar nuestra confianza a cualquiera, sino tratar de elegir con bastante meticulosidad aquellos puntos a los que les otorgamos confianza.
¿No crees que uno de los problemas que tenemos es que hay mucha gente que consume información buscando que le confirmen lo que piensa?
Sí, claro, eso ha sido siempre así y a medida que se ha radicalizado más la sociedad y se ha polarizado tanto, pues más ocurre. La gente está buscando, por un lado, referencias de eso, de solvencia. Cada vez más gente va a la búsqueda de la confirmación de sus propios puntos de vista, tratando de encontrarse con una especie de acto sacramental, de estar unidos con los fieles de su misma religión, para allí compartir una comunión matinal o vespertina, para tratar de acumular sus propios puntos de vista.
Eso es uno de los efectos indeseables de esta nueva realidad, que está agrupando a las gentes en lotes y haciendo más rotunda y más profunda la polarización de las cosas. Incluso los medios de comunicación a los que se les exige permanentemente que sean más abiertos, cuando empiezan a serlo son atacados por sus propios fieles.
Tú has vivido unas etapas donde también había una maquinaria de noticias falsas. Por ejemplo, durante el franquismo medios afines al régimen nos estaban vendiendo una realidad muy distinta a lo que de verdad había en nuestro país. Eso también era una industria de las noticias falsas a fin de cuentas
Por supuesto. Y en esa industria de las noticias falsas yo viví 33 años de mi vida. De manera que sé perfectamente de qué me hablas. Eso, en cierto sentido, nos ha dado un poquito de músculo para enfrentarnos a esta situación.
Yo me pasé 33 años de mi vida viviendo en una sociedad en la que las noticias venían manipuladas y las referidas a la radio, que es el medio en el que yo más me he movido, estaban prohibidas. La información solo la ofrecía Radio Nacional de España a las 2 y media y a las 10 de la noche.
Todas las emisiones de radio de España tenían que conectar obligatoriamente con RNE. Era el único vehículo que podía dar información nacional e internacional. Sabemos lo que es eso y por eso tenemos también una mayor precaución ante las cosas y más necesidad de advertirle a la gente más joven de que se defienda de eso y no caiga de forma ciega y tonta, jugando a lo loco, sin saber qué significa todo eso.
Ahora es peor porque antes porque entonces era oficialmente así. Venían con la marca puesta. Sabías que esa información venía manipulada. Por lo menos era clara la jugada. En el momento actual es mucho más difícil porque está mezclado y no aparecen elementos de identificación.

¿Qué piensas cuando precisamente esos que están defendiendo esos tiempos pasados, no llamándolos dictadura precisamente, nos intentan convencer de que estamos viviendo en estos momentos una dictadura?
No tengo nada que decirles porque a muchos no les sirve para nada. Estos movimientos de gente que están apreciando estas cosas lo hacen como forma de impugnar la situación actual. Es un puñetazo en la mesa contra la situación actual que no resuelve el problema, y entonces se buscan las posiciones más radicales.
Da la casualidad que en la democracia, en el mundo actual moderno, los problemas han adquirido tal complejidad que son inabordables con las viejas recetas. El PSOE no tiene una solución para el problema de la vivienda. No lo resuelve porque no puede resolverlo. Tampoco tiene la solución el Partido Popular, ni Podemos ni VOX.
La polarización actual tan grande, frente a esta enorme complejidad de la situación, está poniendo de manifiesto que las fuerzas políticas no han hecho los deberes, no han acomodado sus lenguajes, sus doctrinas, sus recetarios a las nuevas realidades. Van con el viejo librito de recetas.
Quizás sea porque hay un partido que no quiere solucionar problemas. No va con él ese discurso de búsqueda de soluciones, sino de creación de problemas, de una ficción, que es lo que nos hace vivir posiblemente Vox. Una ficción continua para que pensemos que todo va mal, pero todo va mal dentro de irrealidades, como la criminalización de colectivos, ¿no?
Sí, pero porque aspira a otro modelo, aspira a un modelo diferente. Además, lo podemos ver con más claridad al observarlo como un fenómeno europeo, porque si estuviera solo VOX…
Esto trata de la impugnación de una sociedad que dice “volvamos de nuevo al seno materno de nuestras patrias nacionales”, donde está el cálido vientre materno, el qué bien se está con la peseta, con el pan, con los toros, con nuestra vida aquí, sin Europa, sin Bruselas, sin nada de esto…
Están aspirando a crear un mundo así. Es el regreso construyendo una internacional del patriotismo, que es la paradoja máxima. O sea, una internacional de los nacionalismos más radicales. Ahí están Patriots for Europe, cada uno de ellos defendiendo el quedarnos quietitos en nuestra Francia, en nuestra España, en nuestra Polonia, en nuestra Unión Europea, y eso produce una esperanzadora sensación de calentito, como el que da la mesa camilla.
Volviendo a la situación tan salvaje que hay en el lenguaje de la política hoy en día. Está el PP empeñado en retomar algo que considera suyo, que es el poder a cualquier precio y sin miramientos. Tú qué viviste la etapa dura de ETA ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando hoy escuchas a personajes como Ayuso hablar de que ETA está más viva que nunca?
Mira cómo se pone Consuelo Ordóñez, la hermana de Gregorio Ordóñez, que fue asesinado por ETA. No soporta al PP cuando dice eso.
¿Qué quieres que te diga? Me parece inaceptable. Me parece jugar sucio. Forma parte de moverte en el barrizal, manejar teclas que sabes que tocan fibra muy sensible, hay mucha carga emocional de fondo, hay muchos problemas que se curan con dificultad o nunca. Pero claro, es tocar una tecla facilona. Me parece una indecencia, sinceramente.
Más allá de esos falsos periodistas, tipos que se están encumbrando por distintas vías y están siendo muy conocidos por el gran público, dedicándose a simular que ejercen nuestra profesión, también hay otros periodistas que vienen de tu escuela, que han trabajado contigo o para ti. A Silvia Intxaurrondo, por ejemplo, la escogiste para copresentar el informativo de Cuatro, a Xavier Lapitz le pusiste de redactor jefe en el Hoy por Hoy, Javier Ruiz fue tu jefe de Economía… Cuando ves a estos compañeros, cuando les escuchas, cuando les lees, ¿reconoces en ellos tu forma de hacer periodismo?
No mi forma de hacer periodismo, reconozco la forma de hacer periodismo, que es la que creíamos todos que era la forma correcta de hacer periodismo, cada uno con su idea. Eso es así.
Les veo y les sigo con mucha atención y les quiero mucho. Creo que se confirma que también hay una corriente de gente que está trabajando en los códigos que creemos del periodismo, que hemos considerado muy razonable. Y los hay en todos los ambientes. Hay esperanza, porque no todo el mundo se ha tirado al monte. Hay gente que está haciendo bien las cosas, aunque las esté pasando regular.
Es la prueba de que existe gente que está haciendo el periodismo que yo creo que hay que hacer. No olvides la frase aquella tan famosa que decía «hace mucho más ruido los árboles que se desploman que la hierba que crece. Pero hay mucha hierba que crece».

¿Y cuáles son esos códigos para hacer un buen periodismo?
La importancia la tiene el lector, el oyente o el espectador. Rumbo a él tiene que estar orientada toda nuestra actividad. La decencia se manifiesta en marcar muy bien la diferencia entre esto lo sé, esto me parece y esto me gustaría.
Y trabajar mucho, porque para avanzar un poco en el camino del esclarecimiento de las cosas hay que trabajar mucho. Las cosas se averiguan con dificultad, se confirman con más dificultad aún y luego se comunican también con otra dificultad añadida.
Gente que ejerza el periodismo cumpliendo los códigos de la confirmación de las cosas. La explicación que te doy ahora sobre lo que es el periodismo no es muy académica, pero sí muy práctica respecto a cómo enfrentarse a él.
Tengo la sensación de que desde que dejó de gobernar el PP, lo último que le preocupa al a este partido son las cuestiones de Estado, y más bien están intentando demolerlo todo. Es un no rotundo a cualquier decisión del Gobierno, intentando incluso bloquear fondos europeos, cosa que me parece una aberración, sencillamente porque está instalado en el discurso de todo lo que hace el Gobierno está mal, y yo tengo una alternativa que tampoco nos explican. Sencillamente es eso, la demolición permanente.
Pero es que esto ya ha pasado antes. Esto que estás contando tú se ha vivido exactamente igual antes. Decía Montoro «dejad que esto se hunda, ya lo arreglamos nosotros». Es la descalificación de cada cosa. Incluso poner en peligro los elementos más sustanciales de la cimentación del Estado.
El Partido Popular tiene muy mal perder. Se pone así cuando pasa el tiempo y no gana. Sobre todo cuando cree que va a ganar y no gana. Porque el Partido Popular anterior, hasta el año 93, aceptaba mejor o peor los resultados. Pero en el 93 creyó que iba a ganar, y en el último momento no ganó. Y en ese instante esa legislatura fue ya el infierno.
Cuando se encabrita el Partido Popular, siempre hace lo mismo. Hacen su juego de demolición sistemática, pero es un poco el resultado de esa especie de decepción colosal que se lleva cuando se queda a un minuto de ganar las elecciones.
Y ahora igual, fíjate cómo llegó el presidente del Partido Popular. Feijóo llegó como un hombre absolutamente educado y amable. Venía con sus mejores galas, limpito y lavado, porque creía que iba a ganar fácil. En cuanto no gana se ha armado la tremolina, se ponen muy nerviosos. Les parece un poco como contra natura estar en la oposición. No es su sitio natural.
Pero los nervios aumentan porque están comiéndole terreno por la derecha, ¿no? Y no tienen clara la estrategia de qué parecer.
Estamos hablando de esto en el día en el que se pone de manifiesto una vez más que no tienen clara la estrategia, no saben muy bien qué hacer todavía. Las elecciones de Extremadura terminaron y todavía no han decidido qué hacen, a la espera de ver qué pasaba en Aragón. Ahora están a la espera de qué pasa en Castilla y León… Y están muy descolocados.
Han ganado sin poder celebrar su victoria porque no pueden obtenerla, puesto que habían hecho esto para intentar quitarse de en medio el forúnculo, pero resulta que el forúnculo ha crecido. Es un lío.
Por otro lado, el partido socialista está muy desgastado, completamente desgastado. El cuadro general es un problema.
Tú has vivido y has narrado los acontecimientos más importantes de la historia reciente de nuestro país, de las últimas décadas. Me gustaría hacer un pequeño recorrido por ahí, pero empezando desde el principio de los tiempos. Tú estudias periodismo en la Universidad de Navarra, en los años 60, ¿por qué decides estudiar periodismo en una dictadura?
Pues porque aspiraba, soñaba, confiaba en que eso se iba a acabar. Yo vivía en San Sebastián, que está a 14 kilómetros de la frontera. Se llega en 20 minutos a Francia. Y pasábamos, había servicio de autobuses, íbamos al otro lado de la frontera, íbamos al cine, a la playa, a comprar… Teníamos delante de nuestros ojos una sociedad que era completamente diferente a la nuestra. Por ponerte un ejemplo. La ikurriña, que en nuestro país te podía llevar a la cárcel y vete a saber a qué cosas peores, pasabas 13 kilómetros de carretera y estabas ondeando por todos lados sin problema ninguno. Nosotros queríamos ser como los demás.
La radio en España era muy bonita, muy popular, muy dinámica, pero no tenía información. Nosotros veíamos que al otro lado de la frontera que la radio era como aquí, pero que además tenía información. Yo contaba con que algún día mi país sería como los demás. No podía creerme que fuéramos a vivir siempre en un país distinto.
Notábamos perfectamente la anomalía de nuestra situación, donde todo estaba prohibido, era obligatorio, o estaba todo marcado por unos códigos. Era como vivir en un cuartel.
Con la muerte del dictador pasas de dirigir Radio Sevilla a dirigir los informativos de toda la cadena SER. Eso me imagino que tuvo que ser también para ti un shock a nivel profesional importante.
Fui director de Radio Popular de San Sebastián, pero luego fui director de Radio San Sebastián. O sea, fui director de dos emisoras, de dos cadenas diferentes en la misma ciudad. Porque estando en Radio Popular, la SER me fichó.
Luego de allí pasé a Radio Sevilla. Y yo era director de Radio Sevilla cuando murió Franco. A mí la muerte de Franco me pilla de director de Radio Sevilla. Y en la emisora de Queipo de Llano. Y luego salí de allí, fui a Madrid.
La gente no recuerda esto. La radio estuvo conectando con Radio Nacional de España a las 12 de la noche hasta el año 77. Os recuerdo que Franco se murió en el 75. Y que hubo elecciones generales en el 76. O sea, las primeras elecciones generales del 76 se celebraron sin que la radio pudiera hacer información. Porque tenía que conectar con Radio Nacional de España.
Y es verdad que entonces la realidad social estaba desbordando a la norma. Y se estaban saliendo como se podía. Pero se desbordaba la norma hasta que la norma te pegaba un garrotazo en la cabeza. Que íbamos de multa en multa.

En esa época hay una efervescencia de movimientos ciudadanos. Empezaron los movimientos vecinales, de padres, de alumnos, de consumidores, de absolutamente todo. Y hoy, ese tipo de movimientos ciudadanos que reivindican derechos y mejoras, son los más señalados por quienes quieren llegar al poder dentro de la extrema derecha. Son los que más quieren silenciar de distintas maneras.
Tengo 83 años. Yo tengo ahora mismo una especie de desazón personal grande, porque todas las cosas que eran para mí eran los faros o los horizontes en los que nos movíamos, todas ellas, que creíamos todos que era lo que había que hacer y que era lo que seguramente era necesario hacer (la lucha por la libertad, por las causas del feminismo, de los derechos de los homosexuales, evitar la exclusión social, la integración…) Todos estos elementos son ahora las palabras malditas.
En el tablón de prohibiciones y en la diana en la que el régimen de Trump dispara, por la que han sido sancionadas universidades, abogados … son los que mencionen cohesión social, los que mencionen feminismo, los que mencionen la lucha de los derechos de los homosexuales… Todas las causas son el enemigo a batir.
Ese tipo de fenómeno es muy tremendo y nos produce una sensación extraordinaria que haya gente que pueda añorar esto.
Hoy en día un PP como partido absolutamente consolidado en la gran mayoría de la población, olvidando cuáles son los orígenes de ese partido, pero en cambio es un PP que vuelve a tiempos anteriores intentando parecerse al forúnculo que le salió hace unos años. Intentando parecerse a Vox, intentando ser más ultra que ellos mismos.
Aproximándose a su energía. Estamos hablando de que yo quiero llegar al poder. Y en mi batalla por llegar al poder, estoy haciendo unos movimientos de tipo táctico para tratar de alcanzarlo. Pero por otro lado, estoy tratando de ver cómo lo logro en compañía de estas cosas tan extrañas que tengo aquí, que están adquiriendo mucha envergadura y que no sé yo muy bien si debo disfrazarme de él o debo eliminarlo en un tajo.
El Partido Popular tiene una gran solera, tiene una gran tradición, pero tenía dentro metido este forúnculo que ahora le ha salido al exterior y está cogiendo mucho vuelo subido a esta corriente internacional que opera en esa misma dirección. Eso los tiene descolocados.
Te quiero preguntar por tu nuevo programa en TVE. Es un ejemplo de cómo tú no te cansas de hacer periodismo.
Es el primer producto en el cual ni dirijo, ni guionizo, ni firmo, ni nada. Yo solo soy presentador de los capítulos. Es uno sobre la lengua española. Son ocho capítulos.
Es un programa hecho con la Real Academia de la Lengua, el Instituto Cervantes, con académicos de la lengua española, con académicos americanos… Es un programa que yo creo que tiene que hacerlo la televisión pública.
Y el otro es sobre el exilio. Este ya también solo soy yo el presentador de los capítulos, porque luego la narración la lleva Alba Flores. Son cinco capítulos sobre el exilio. Provocará sus cabreros naturales. He aceptado porque creo en esos temas, aunque mi aportación sea solamente de un presentador.
Creo mucho en la lengua española, es el tesoro más importante que tiene este país y no se valora lo suficiente. Y el otro del exilio, porque creo que hay que hacerlo, sencillamente.
¿Cómo crees que hubiera gobernado Aznar si le hubiera tocado la época de Suárez del 1976 al 1981?
No hubiera legalizado al Partido Comunista. Nadie hubiera hecho lo que hizo Suárez. Era un hombre muy valiente, muy intrépido. Él cogió el barco en la bahía llena de minas y dijo “lo tengo que sacar al mar abierto”.
Con la falta de elasticidad y de generosidad de Aznar, hubiera sido muy difícil que se hubieran podido hacer los procesos que se hicieron allí en la transición, porque necesitaban un tío muy intrépido y muy dúctil.
Aznar no hubiera hecho la Constitución. Tenemos constancia escrita de que no le gustaba. Ya tenemos dos cosas que no hubiera hecho, la Constitución y la legalización del Partido Comunista.
Quizás ya en mar abierto, Aznar le hubiera dado posiblemente una mayor dirección. La UCD era un compuesto de democristianos, liberales, azules, verdes, todos unidos ahí, para hacer una posición templada, más o menos. Cuando llegaron a mar abierto, uno quería ir por aquí, otro quería ir por allá. Entonces, con Aznar, seguramente hubieran sabido hacia dónde iban.
¿Y si Pedro Sánchez hubiera gobernado en la etapa de Felipe González?
No lo sé, porque Sánchez es un hombre extremadamente posibilista. Está haciendo virajes incluso contradiciéndose a sí mismo en función de las circunstancias.
Con ese ángulo posibilista de Sánchez, me cuesta imaginarlo haciendo el proceso de reindustrialización que hizo Felipe. Me parece que le hubiera costado seguramente más abordarlo porque tuvo que indisponerse de una manera muy abierta con los sectores más próximos, por ejemplo la UGT. Y le hubiera costado a Sánchez ponerse enfrente de los suyos para hacer esa operación.
Los procesos de modernización de Felipe fueron saltándose un poco a su tribu, que fue lo de la OTAN y lo del proceso de reindustrialización. Me parece que eso le hubiera costado más a Sánchez.
¿Y si a Zapatero le hubiera tocado gobernar en la época en la que gobernó Aznar, del 1996 al 2004?
Pues mira, en la primera legislatura de Zapatero todo era maravilloso. La economía volaba, era todo genial. En la época del 1996 al 2004, como también hubo época de prosperidad, pues hubiera estado viviendo posiblemente la época de prosperidad como vivió Aznar. Y si a Aznar le llega a haber tocado en la época de Zapatero pues le hubiese pasado igual.
Echarle a Zapatero encima la crisis que provocó millones de parados en el mundo entero, también en España, era un poco grotesco. Aunque hubiera estado el Cid Campeador de presidente del Gobierno, le hubiera pasado igual. Y si hubiera estado Aznar lo mismo.
En el 96 hubiera vivido posiblemente una época bastante apacible. No hubiera cambiado mucho.
Estabas diciendo que Zapatero tuvo una primera legislatura dulce, sobre todo en el ámbito de los derechos sociales, y una segunda muy dura, muy amarga. ¿Cómo se hubieran vivido esas dos legislaturas con Rajoy?
La primera igual de dulce, pero sin los derechos que iba abriendo Zapatero. Era dulce, porque económicamente aquello era un jardín del Edén. Rajoy hubiera vivido en esa dulzura encantado de la vida.
Sólo que en ese tiempo Zapatero hizo una aceleración de derechos que no hubiera hecho Rajoy. Y cuando luego le cayó encima la bomba atómica de la crisis, se hubiera llevado al que estuviese por delante. Eso está claro.
¿Y si Suárez hubiera gobernado en la etapa de Rajoy, del 2011 al 2018?
No sé, porque primero habría que ver cómo sería Suárez en esa época del 2011 al 2018. Fue un hombre que tuvo una gran visión. Construyó un centro con miembros de la Falange, de la democracia cristiana, de los liberales, de los socialdemócratas… y construyó ese territorio que efectivamente atrajo a la gente y le permitió hacer todo ese movimiento.
Aquella derecha de la UCD tenía una anchura de brazos muy grande para conectar con todos. Tuvo una elasticidad grande. Tanta que ahora me resulta difícil saber dónde colocar al final a Suárez, de lo pulpo que era. Creo que tenía una derecha muy civilizada, nos hubiera venido muy bien.
¿Cómo sería un gobierno de Felipe González en la etapa que está asumiendo ahora Pedro Sánchez, del 2018 al 2027?
¿Sabes lo que ocurre? Que a Felipe González yo le conozco desde que era Isidoro en la clandestinidad. Me cuesta mucho hablar sobre él. Este hombre se enfadó con Sánchez cuando el presidente del Gobierno abanderó el movimiento de los descamisados de la plebe frente al establishment.
Todo lo que Felipe González ha estado haciendo, las críticas hacia Pedro Sánchez, estaban en parte justificadas por las razones que sean y en parte condicionadas por esa hostilidad que ya venía desde el principio.
Cuando más me enfadé con Felipe González fue el día que empezaba la campaña de las europeas y fue a El Hormiguero. Un momento donde toda Europa estaba viviendo con nerviosismo el crecimiento de la extrema derecha. Felipe González ha sido uno de los hombres que más ha luchado para la construcción de la Unión Europea.
Ese día no dijo ni una sola palabra sobre Europa, habló todo el tiempo sobre Sánchez. Ese día vi que la brújula de analizar la tenía ya movida. Su hostilidad hacia Sánchez ha llegado demasiado lejos cuando este día no dijo ni una sola palabra sobre Europa. Por eso no puedo estar de acuerdo con él. Creo que un hombre de su inteligencia y su peso en el PSOE hubiera podido compatibilizar sus críticas manteniendo la bandera del partido que tanto ha defendido y la idea de Europa.
Artículo publicado originalmente en la revista de FACUA, Consumerismo, el 23 de febrero de 2026
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