Entrevista · 20 noviembre 2025

Guillermo Fesser: «La cantidad de cadáveres que tiene Trump en el armario es impresionante»

Hablamos sobre los Estados Unidos de Trump y cómo los bulos, las fake news y la censura se han ido instalando en el país norteamericano.

Internacional-19/11/2025

Guillermo Fesser (Madrid, 1960) nos hizo reír y pensar a todos durante años a los mandos de Gomaespuma junto a Juan Luis Cano. Luego, decidió cambiar los micrófonos de la madrugada española por las crónicas de la vida en Estados Unidos. Es un corresponsal que conoce de cerca las luces y la sombras del país estadounidense, y que ha visto de primera mano la transformación que está sufriendo desde la llegada a la Presidencia de Donald Trump. Un periodista que igual entrevista a un taxista de Harlem que desmonta un bulo sobre paracetamol.

Hablamos con él sobre la llegada de Trump al poder, del giro a la autocracia de Estados Unidos y de cómo los bulos, las noticias falsas y la censura se han ido instalando en el país norteamericano. ¿Qué está en juego en el mundo y la democracia con el Gobierno de Donald Trump?

Trump viene de un primer mandato donde la desinformación era el día a día de su gabinete, según el Washington Post hubo 30.573 afirmaciones falsas o engañosas, que terminó con un asalto al Capitolio en el que se ondeó teoría de la conspiración del fraude electoral. ¿Se ha intensificado la fábrica de bulos en esta legislatura?

Ese estudio del Washington Post que citas decía que la capacidad de mentira de Trump era de una media de dos mentiras por minuto. No está mal. Ahora mismo es infinitamente superior. De hecho, yo te diría que ahora mismo la incapacidad para mentir es lo peor que puede ocurrir en el entorno de Trump. Es decir, si te van a perseguir por algo, si se va a vengar de ti por algo, es por haber sido incapaz de mentir en su nombre. Lo tiene asumido como algo normal y corriente.

Si yo miento, tú me refrendas la mentira. Cuando ha hablado en la ONU, ahí le tienes lanzando el mensaje más absurdo, más loco, más estúpido y más peligroso. Y ahí tenías a Bessent —Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos— y al ministro de Asuntos Exteriores sonriendo y asintiendo. Y eso pese a que sabían, porque son personas inteligentes y con preparación, que Trump estaba mintiendo. Aceptan las mentiras porque así pueden seguir en el poder, que les proporciona prestigio y hace que la gente se les ponga al teléfono.

Es una vergüenza. La capacidad que tiene de venderse por un puñado de dólares no cesa de sorprenderme.

Lo más surrealista que nos encontramos en la campaña de Trump fue aquello de que los haitianos se comían a los perros y los gatos de la gente. A lo largo de la legislatura actual, ¿cuáles son los bulos más surrealistas que te has encontrado?

Lo más absurdo que está ocurriendo ahora mismo es esa ambición desesperada porque le den el Nobel de la Paz. La cantidad de cosas que se atribuye, y que también le atribuyen los «pelotas» de su entorno, es abrumadora. Por ejemplo, lo de que ha parado siete guerras en siete meses. Guerras que llevaban treinta años en marcha. Ha parado, según él, la guerra de Israel con Irán. Bueno, no sabíamos que había una guerra entre esos dos países. Conocíamos que habían tenido algunas escaramuzas, pero de una guerra como tal no sabíamos que había.

¿Cómo dice que la ha parado? Tirando una bomba a gran profundidad que supuestamente se ha cargado todo el arsenal nuclear de Irán. Los propios iraníes y los inspectores internacionales dicen que esa bomba no ha hecho prácticamente daño. Pero él dice que con eso ya ha conseguido parar una guerra.

O una guerra como las escaramuzas constantes que hay desde hace muchos años en la frontera de Pakistán con India, que se atribuye haberlas parado. Sin embargo los primeros ministros pakistaní e indio le han desmentido al confirmar que llegaron a un acuerdo por su cuenta y que Trump nunca ha tenido nada que ver.

Pero da igual. Se lo atribuye en insiste en que ha parado siete guerras. Pero también dice que iba a parar en dos minutos la guerra de Ucrania. O comenta que está trayendo «trillones» de dólares a EEUU gracias a los aranceles. O construyendo miles y miles de fábricas de automóviles… Son todo exageraciones.

En la ONU dijo una cosa que parecía cutre, del mejor Jesús Gil. Echó en cara que no le habían aceptado una oferta para reformar el edificio, con suelo de mármol, y que luego cogieron otra oferta mucho más cara y que les han puesto terrazo. Y les regañó. Dijo que él les habría puesto molduras en las paredes y que la otra oferta ha usado material plástico. Y que era una vergüenza, que gente con esa falta de gusto era normal que no supieran dirigir el mundo.

Pero claro, esto es otra mentira. Primero habría que ver el contrato. Porque, además, si observas la historia de las Torres Trump, en Nueva York, ves que pagaba una miseria a los trabajadores, principalmente inmigrantes polacos. O la cantidad de horas que les obligaba a trabajar, y la cantidad de gente que dejó sin pagar y arruinó y a la que dijo: «pues demándame». Y en Estados Unidos para demandar a alguien como Trump tienes que tener una cantidad ingente de dinero, un mínimo de medio millón de dólares para empezar a pagar abogados. Y luego ya veremos si ganas.

El enorme número de familias arruinadas con el casino que montó en Nueva Jersey, o la universidad aquella que era una falacia… La cantidad de cadáveres que tiene Trump en el armario es impresionante. Pero vivimos en un mundo en el que nadie tiene tiempo para profundizar, solamente se lee el titular. Si el titular dice «Make America great again» —Hagamos que América vuelva a ser grande—, ¿quién no va a estar a favor?

Nos quedamos en el slogan, nadie rasca lo que hay debajo.

Siguiendo con los bulos, en este mandato Trump ha elegido como ministro de Salud Pública a Robert F. Kennedy, un antivacunas declarado, que incluso hace poco gritaba que el paracetamol causaba autismo.

Kennedy está destrozando la poca sanidad de Estados Unidos. Hablamos ya de una sanidad muy, muy escasa, que le llega a muy poca gente. La mayoría tiene que financiársela y si no puedes, pues mala suerte. Se arruinan mensualmente miles de personas por culpa de un problema médico. De repente te diagnostican un cáncer y tienes prácticamente que vender la casa para poder pagar el tratamiento.

Y en este contexto, está creando un caos entre la comunidad científica que trabaja en el Ministerio de Sanidad, que tienen unos protocolos que ha costado muchos años establecer y que este individuo está destrozando, basándose en teorías nada probadas de iluminado.

Lo de asociar las vacunas o el Tylenol —el nombre comercial más conocido del paracetamol en EEUU— al autismo… Lo que Kennedy hace es que ya sabe de antemano el resultado que quiere y entonces hace el estudio para que coincida. Ya tenía claro desde que entró en el Gobierno que las vacunas eran malas. Y eso que mintió. En la comisión del Senado que tenía que aprobarle como ministro de Sanidad dijo que no iría contra las vacunas, pero la realidad es que sí está yendo contra ellas.

Y, en este sentido, a Trump le da todo igual. Cuando la pandemia del Covid estuvo a favor del desarrollo de las vacunas y puso muchos millones para que se investigara la vacuna y gracias a eso se salvaron muchas vidas. Pero si ahora hay que ir en contra de las vacunas porque le viene bien, pues va en contra de las vacunas. Y elige a Kennedy.

A Trump sólo le importa lo que le beneficia. Y eso entronca también con el tema de la mentira. Si una estadística no le beneficia, es mentira, y si le viene bien, es verdad.

Pero lo de la sanidad es peligrosísimo. Primero, Elon Musk se cargó la cooperación de Estados Unidos con la excusa de que eran «gentuza» y gente que «se gastaba dinero comprando tampones a las señoras de Nigeria», entre otras cosas. Unas falsedades espantosas. Porque estos trabajadores, que son funcionarios, lo que hacen es trabajar en proyectos internacionales que van a favor de Estados Unidos al fin y al cabo. Si controlas el ébola en el Congo, es para evitar que llegue a EEUU. Al final son puros intereses de estado.

Así que cargarse eso es un desastre. Pero es que esto fue el inicio, y ahora te cargas a los de tu propio país. Robert Kennedy está completamente loco, es un iluminado con unas teorías de la conspiración insostenibles. No me puedo ni imaginar a los técnicos del Ministerio de Sanidad, gente con una preparación espectacular, con un payaso como este delante que te haga tragar esos sapos. Y así vemos que está dimitiendo gente a mansalva y a la vez él mismo se está cargando a quien le lleva la contraria.

Pues a ver como tapan eso. Porque al final estas políticas locas de vacunaciones va a llevar a más infecciones, más muertes y esos datos no se pueden tapar por muchos bulos que suelten alrededor. La gente tendrá que reaccionar, ¿no?

Sí, pero si la gente reacciona pero este señor ya es Franco y están «los grises» en la calle, da igual que lo hagan. Lo que hace falta es que la gente reaccione antes de las elecciones de 2026. Si el año que viene Trump sella su poder con unas elecciones amañadas, que ya tiene preparadas, y con la ayuda de los cobardes demócratas que no se atreven a decir los principios que mantienen —o que si ya no mantienen esos principios no quieren dejar que lleven el partido quienes sí los mantienen—, la dictadura estará bendecida y dará igual lo que vaya mal o bien.

Porque si sales a la calle, dices algo y te cogen «los grises», se terminó Estados Unidos. Y estamos a punto de decirle adiós a EEUU. Aun queda algo de esperanza, pero estamos a punto.

Si estamos hablando de que Estados Unidos está en el filo de convertirse en una dictadura, como demócrata, ¿cuáles son los elementos que nos pueden hacer decir «sí, esto es una dictadura»?

Te pongo dos ejemplos. Si viajas hoy mismo a Estados Unidos, en la frontera posiblemente te van a pedir que les dejes el teléfono y les abras las redes sociales para investigarlas. Y si en esas redes tienes algún comentario, no necesariamente crítico con Trump sino que a ellos les parezca crítico, no vas a entrar en EEUU.

Eso como punto número 1. Pero si resulta que no eres completamente blanco del todo, tienes rasgos asiáticos o indígenas o la piel más oscura, y has ido a Nueva York, por ejemplo, de vacaciones, puede ocurrir que vengan dos policías del ICE —el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas— a pegarte una paliza incluso antes de preguntarte. Y después de eso te pedirán los papeles y si tienes suerte te pedirán perdón y si no tienes suerte quizás pasas un día o dos detenido, sólo por el color de tu piel.

Y como digo son sólo dos ejemplos, muy evidentes, de que EEUU se está convirtiendo en una dictadura.

Y tú, viviendo allí, ¿estás tranquilo conque te pueda pasar algo similar?

No eres consciente de la cantidad de personas que me denuncian al día en redes sociales por las cosas que digo de EEUU, compartiendo mi perfil y mis comentarios con los de Seguridad Nacional o con el ICE para ver si me deportan.

Yo he de decir que estoy aquí porque me siento estadounidense también. Mis raíces están en España pero buena parte de mi vida está aquí. Mi familia, mis hijos, mis amigos, mis vecinos… todos están aquí.

Y sobre todo, soy periodista. Mi labor y mi deber es informar a quien me quiera escuchar de lo que está ocurriendo aquí. Creo que ahora mismo la profesión con mayor peligro de extinción son los periodistas. Hemos visto, por ejemplo, la cantidad de periodistas que han sido masacrados en Gaza para que no informen y no se supiera del genocidio, esa palabra que tanto miedo le da a Netanyahu.

Creo que es importante que llame a las cosas por su nombre. A mi me dicen que opino. Claro que opino. No se puede permitir que se traspasen las reglas de la democracia y se quiten los derechos y las libertades a la gente. Y eso tengo que denunciarlo. ¿Eso es una opinión? Pues será una opinión. Pero es que tú no puedes estar, por ejemplo, un poquito a favor de la pena de muerte. O estás a favor o estás en contra.

Hay cosas que son o blanco o negro, no hay punto intermedio. Ahora mismo en EEUU hay democracia o autocracia. Y yo defiendo la democracia, así que denuncio todo aquello que van en contra de la democracia. Si eso es opinar, pues será opinar. Pero creo que es importante que haya gente que opine y que lo cuente. No porque vayamos a cambiar el mundo, sino simplemente para que otra persona pueda decir «no estoy loco, es verdad, es así». Pues si solo sirve para darle consuelo a dos o tres personas, siete, tres mil mejor aún, pero aunque sea solo una persona, yo aquí seguiré informando de Estados Unidos.

Guillermo Fesser, en un momento de la entrevista.

Y, más allá de lo que tú has podido vivir a nivel personal, se están viendo ataques a la libertad de información graves en EEUU. Se ha llegado a pedir que expulsen de universidades a personas simplemente por manifestarse en contra del genocidio en Gaza. La censura y el acoso a gente demócrata es gravísimo allí.

La censura es horrible. Lo último que hemos visto, que te pone los pelos de punta, es que cualquier periodista acreditado en el Pentágono —los que siguen la información militar de EEUU, que tiene mucha importancia aquí— o que quiera acreditarse tiene que firmar un documento de diez páginas en el que se compromete a no publicar ninguna información que no haya sido previamente revisada por la autoridad militar.

Es muy fuerte. Estamos hablando de una información de mucho calado porque Estados Unidos tiene el mayor ejército, tiene militares y bases desplegadas por todo el mundo, tiene capacidad nuclear…

Y es que, por ejemplo, hemos leído allí que se ha retirado una acreditación a un periodista de Associated Press (AP) simplemente por negarse a utilizar el término Golfo de América —en lugar de Golfo de México—.

Tenemos que decir que las dictaduras son todas muy parecidas. Todo el mundo compara a Trump con Hitler, pero realmente se parece a Vladimir Putin. Trump es muy amigo y le entusiasma Putin porque es su modelo. Lo que ha hecho Putin para hacerse con Rusia lo está haciendo Trump con EEUU.

Lo del Golfo de América es un poco la excusa para cargarse la prensa. Los periodistas que cubren la información sobre el presidente tenían que cumplir varios requisitos: por ejemplo, vivir en Washington DC y publicar desde allí, junto con algunas más. Entonces lo que se hacía para cubrir la Casa Blanca era un «pool», una especie de rifa para ver quiénes podían realizar la cobertura porque no hay cabida para todos. Y cada vez le toca a medios distintos.

Cuando llega Trump, se carga el pool y decide que se acreditan los que él elija. Si AP no utiliza Golfo de América, pues ya no le acredita más. Y así se ha ido cargando, por ejemplo, a la NPR (la radio pública estadounidense), ha echado varias veces al New York Times… No sólo elige quiénes pueden cubrir la información, sino que ha ido recortando y cada vez entran menos. Si entran diez, pues ahora hay tres que sí son del antiguo pool, para que no se note tanto la censura, pero el resto son influencers, gente de mundo del pódcast, etc. Amiguetes y pelotas. Gente que hace unas preguntas que se te cae la cara de vergüenza, que no quiere hacer información sino ganarse el favor de Trump.

En eso estamos. Es lo que hacen los dictadores. Primero convences a lo que ellos llaman «los idiotas». Sus votantes, vaya. El propio Trump ha llamado a sus votantes «gentuza», refiriéndose a los que hicieron el asalto al Capitolio. Pero es gente que realmente lo que está es desesperada, a los que no ayuda el sistema.

El gran problema de la democracia es que no ayuda a la gente, y eso hace que la gente esté dispuesta a cargársela a cambio de que les den soluciones. Pero el problema no es la democracia, sino que ha sido secuestrada por sinvergüenzas como este tipo y otros que habían venido antes.

Así que una vez tienes convencidos a los que ellos llaman «idiotas», te cargas a la prensa y a la oposición. Para que a estos «idiotas» no les lleguen mensajes de otros.

Guillermo Fesser, en una de sus intervenciones en El intermedio de La Sexta.

Pero también hemos visto casos como el de Jimmy Kimmel, que llegaron a apartarlo de su programa de televisión temporalmente tras lanzar una crítica. ¿Hasta ahí llega el poder de Trump?

Trump cuando llega al poder se carga a todos los secretarios de Estado y coloca a los suyos, a sus pelotas. Y uno de ellos lleva lo que se llama la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), la entidad que otorga las licencias de emisión a las televisiones y las radios. Y se está utilizando el poder que tiene este organismo para eliminar a cualquiera que le lleve la contraria.

¿Y cómo se carga a Jimmy Kimmel? Kimmel tiene un programa en la ABC, un «canal» que realmente funciona con cadenas de su propiedad y otras en régimen de asociación con televisiones de todo Estados Unidos para emitir sus contenidos. Por ejemplo, sale en dos televisiones de Nueva York, siete en Louisiana y cuatro en Missouri. Algunas son suyas y otras son de estas cadenas asociadas.

Así que llega el presidente de la FCC y como no le gusta Jimmy Kimmel —Trump lleva años dejando claro que no lo quiere y le molesta lo que dice—, encuentra una excusa cuando Kimmel tras el asesinato de Charlie Kirk dice que llama la atención que el movimiento MAGA (Make American Great Again) quiera rentabilizar la muerte de este señor. Ya está, solo dice eso.

Y lo que hace entonces la FCC es chantajear a todas las emisoras que programan a Jimmy Kimmel conque si lo siguen haciendo les quitará la concesión. Y claro, el 25% de ABC son emisoras asociadas que se cagaron, porque no querían perderla. Bueno, y hubo otras que de verdad se creyeron que Kimmel no debía salir más en la tele porque era antiamericano y estaba humillando a Kirk.

Cuando la ABC ve eso, y ve que también se está poniendo en riesgo una posible fusión de emisoras por muchos millones de dólares, decide echar a Kimmel. Pero a los días hubo mucha gente, gente incluso de MAGA o muy de derechas como Ted Cruz, que empezó a decir que esta actuación iba contra la libertad de expresión y que no se podía ir por ese camino, Y la ABC reculó.

Así que Kimmel al final ha vuelto a su programa. No en todas las cadenas de la ABC, ya que ha habido una cuarta parte que ha seguido sin querer emitirlo. Pero aún así, a Trump le ha salido el tiro por la culata. El programa tiene una audiencia habitual de 1.240.000 seguidores pero el día de su reaparición tuvo un seguimiento de 26 millones de espectadores. Así que el monólogo que hizo esa noche tuvo un seguimiento muchísimo más amplio que el habitual. Un monólogo en el que dijo de una manera muy sencilla, muy fácil, lo que está ocurriendo en Estados Unidos y quién es Donald Trump.

Dentro de esta guerra cultural contra lo que llaman «woke», me llamaba la atención algo realmente hilarante y es que se habían eliminado de los archivos del Departamento de Defensa más de 26.000 imágenes. Entre ellas, las del avión que lanzó la primera bomba atómica contra Japón porque tenía referencias la homosexualidad. Todo ello porque el avión se llamaba Enola Gay. ¿Hasta ese nivel estamos llegando?

Sí, a ese nivel. Es que son zafios. Pete Hegseth, que dirige el antiguo Departamento de Defensa, ahora llamado Ministerio de la Guerra, es un tipo sin ninguna preparación. Es un comentarista de televisión mediocre, de la Fox, que se apuntó al Ejército e hizo un par de rondas por Afganistán. Esa es toda la experiencia que tiene.

Estamos viéndolo en el Pentágono, pero también en todos lados. Trump está reescribiendo la historia. Hay una necesidad imperiosa de hacerlo. Igual que en España con Franco, que todo era los Reyes Católicos, el Cid y otros personajes menores que no tenían ningún interés.

Y aquí, igual. Cualquier persona que no sea blanca y un señor, un hombre, no tiene ningún interés. Se están retirando de los monumentos históricos, por ejemplo, todas las referencias que hay a la esclavitud. Porque hablar de la esclavitud en favor de los negros se considera, en el movimiento MAGA, antiamericano.

Según este movimiento, dirigido por Trump, esto mina los valores de Estados Unidos, que tanto ha hecho y está haciendo por la Humanidad. Sólo se puede hablar de aquellas cosas que son positivas, que favorecen y llenan de orgullo a la gente de este país «elegido por Dios» y que está siendo una «luminaria» para el planeta.

No se debe decir que los negros sufrieron porque, para retorcerlo un poco más y como dice el gobernador de Florida, Ron DeSantis, tienen que estar agradecidos. Según este señor, la esclavitud sirvió para que a una gente salvaje les dieran una educación, y gracias a ella y a la civilización han podido salir del salvajismo, ser independientes y conseguir un puesto de trabajo.

Se llegado a retirar fotografías históricas de EEUU de esclavos con la espalda azotada que estaban en los museos de monumentos o «parques nacionales» —lugares como la Estatua de la Libertad o Ellis Island—. Toda referencia negativa a la esclavitud se está eliminando. También libros en los colegios.

Artículo publicado originalmente en la revista de FACUA, Consumerismo, el 19 de noviembre de 2025

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